5 pasos para una disculpa

Publicado el 15/04/2018 en El Comercio


Hace un tiempo cometí un error, que como casi todos los errores que cometemos, fue totalmente involuntario e inesperado. ¿Qué pasó? Tratando de inspirar como siempre busco hacerlo, opiné de un tema sensible sin todos los cuidados del caso. Eso no está bien. Nunca me había pasado antes quizá porque siempre cuido mucho lo que expreso por respeto a las diferentes audiencias.

Bien aconsejada, esa misma tarde pedí las disculpas del caso – y las pedí de corazón, con toda la humildad y el respeto que pude. Creo que mis disculpas ayudaron a aminorar un poco el impacto de mis palabras en quienes lamentablemente de alguna manera se sintieron afectados por ellas.

Este error me dejó muchas lecciones y enseñanzas personales, algunas de las cuales arriba menciono y otras todavía estoy terminando de procesar. Pero quizá una de las más importantes fue comprender el gran valor que tiene saber pedir disculpas de la manera apropiada y a hacerlo en el momento que corresponde. Comparto con ustedes algunos de esos aprendizajes:

1.- Es importante reconocer y aceptar nuestros errores y asumirlos con todas sus consecuencias, sin tratar de quitarles nada del impacto que puedan tener. Y cuando nos disculpamos, es vital jamás ofrecer disculpas vanas que busquen justificar o minimizar nuestros errores ni menos culpar a otros por ellos, directa o indirectamente.

2.- Dar la cara. Esconderse a esperar que pase el tiempo, bajen las aguas o se calmen los ánimos por sí solos no es una opción. Por supuesto que todo tiene un momento ideal, pero mientras antes uno asuma su error y se disculpe, mejor.

3.- Es muy importante enfrentar nuestra responsabilidad sobre las consecuencias que puedan haber traído nuestros errores, aunque no sea fácil hacerlo. Y por supuesto, hacer todo lo necesario para aminorar sus posibles impactos con solidaridad y generosidad hacia todos los involucrados, de ser posible.

4. Al disculparnos es vital expresar con calidez, respeto y mucha empatía nuestra preocupación por quienes fueron afectados por nuestros errores o sus consecuencias. Esto puede a veces ser difícil sobre todo si los afectados están dolidos o molestos. Naturalmente preocupa empeorar las cosas si la disculpa sale mal o si el momento aún no es el correcto, pero creo que si es dada con sinceridad casi siempre es bien aceptada.

5.- Es importante mencionar las medidas que tomaremos para tratar de no repetir el mismo error. Y eso debe ser parte de una disculpa respetuosa y de un compromiso personal con nuestro proceso de crecimiento y desarrollo como adultos y como profesionales.

El orgullo muchas veces tiende a impedirnos pedir disculpas. Cuesta dejarlo de lado para disculparnos tanto en lo personal como en lo profesional. Y es que una disculpa bien dada necesita necesariamente de un acto de contrición genuino y de mucha humildad. Disculparse nunca es fácil, pero aprendí lo importante que es hacerlo siempre con profundo respeto por todos y sobre todo, desde el corazón.

Ines Temple, Presidente de LHH DBM Perú y Chile

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