Trabajar hasta los 80

Publicado el 05 de Setiembre 2015 en Aptitus.

Ya sé, trabajar hasta los 80 le suena a herejía. Y lo entiendo. ¿Quién quiere pensar en trabajar hasta tan avanzada edad? ¿Pensar en trabajar cuando deberíamos estar felizmente jubilados jugando con nuestros nietos y viajando por el mundo? Déjeme explicarle.

Todos (a menos que nos arrolle un tren o enfrentemos una enfermedad catastrófica) vamos a vivir hasta bien entrados los 90 y muchos sobre los 100. Eso lo dicen los expertos, pese a que a muchos no les gusta ni pensar en esa posibilidad.

Hace años, escribí un artículo sobre el tema (se llamó "Vivir hasta los 94") y debo admitir que recibí muchos comentarios de gente que me decía: "Ni pensarlo, no quiero vivir tanto", "no quiero ser una carga para mi familia", "¿por qué escribes sobre cosas así, me pones muy nerviosa, no puedo ni pensar en dónde estaré el próximo año",entre otros. Y eso que el artículo hablaba de las muchas maneras que existen para prepararnos desde hoy para una época que puede ser muy activa, útil y grata, si ha sido bien planificada y organizada.

En el texto, proponía empezar a cuidarnos para llegar en el mejor estado posible a esos años, idealmente muy lucidos, sanos y contentos, alejando así el fantasma de una vejez dependiente, enferma o, peor aún, decadente, desvalida o abandonada.

La idea de trabajar hasta avanzada edad no es descabellada: trabajar es la mejor manera de estar activos, productivos, útiles y motivados. Con adrenalina, retos, logros y poder (para hacer cosas). Y, sobre todo, usando nuestras neuronas, que tanto necesitan uso a esas edades para mantenerse activas y bien in-terconectadas.

El trabajo nos da no solo ingresos, sino sentido de pertenencia, identidad y, sobre todo, nos mantiene vigentes, flexibles y activos. Los adultos acostumbrados a tener logros y generar resultados sufren mucho con jubilaciones no activas. Estar en casa todo el día, donde uno pasa de ser el proveedor ausente a ser la molestia siempre presente, se convierte en una pesadilla (y para toda la familia) que muchas veces lleva al recién jubilado a la desilusión, abulia y depresión, una vez pasada la euforia de la libertad de las primeras semanas o pocos meses. El no trabajar le quita lo divertido al fin de semana, dice un amigo nuestro.

No tener qué hacer, no tener un rol, no tener satisfacciones profesionales o intelectuales se vuelve muy agobiante para quienes, por años, salieron temprano de casa a conquistar el mundo, producir, superar retos y lograr resultados. Claramente, trabajar como dependientes en empresas u organizaciones atascadas en paradigmas de jubilar a la gente a los 65 ó 70 años no es una opción, aunque pocos grupos son tan productivos, maduros, leales y motivados como los ejecutivos mayores contentos en sus posiciones. Y eso lo digo por experiencia propia, trabajando diariamente con quienes "pese" a sus edades, logran cada año mejores resultados.

¿Qué recomendamos en nuestros programas de Jubilación Activa? Planear con tiempo esta etapa desde perspectivas claves, como salud, vivienda, relaciones, tiempo, finanzas, roles, uso del tiempo y, sobre todo, trabajo. Pero ¿en qué? Hay muchas posibilidades, dependiendo del nivel y el prestigio que alcanzamos en la vida laboral. Y van desde negocios propios, enseñando, directorios, voluntariado, consultorías rentadas o pro bono, apoyo a organizaciones sin fines de lucro, temas vecinales, etcétera.

Por eso, es imperativo hacer con tiempo, idealmente antes de los 60 años, un plan de acción basado en el autoanálisis y expectativas personales. Son muchos años por delante para dejarlos al destino...