¡Listos para el siguiente trabajo!

Publicado en revista América Economía, el 23/08/2019

Mucha gente camina por la vida sin conocer su pasión profesional, es decir, sin llegar a hacer aquello que de verdad le gusta hacer y que, además, tiene un propósito
personal. Yo conocí mi pasión, ayudar a las personas a elevar su nivel de empleabilidad, a “rebotar”, a reinventar su carrera y a formular su marca personal, a través de una situación familiar crítica, como ya les he contado antes.

En mi trabajo, he visto y veo a diario a muchas personas estancadas por años en puestos que no les gustan, y que a veces hasta odian. En ese estado y con ese bajo
nivel de energía, no hacen bien su trabajo, no cumplen con metas ni resultados y van creando el círculo vicioso perfecto de la infelicidad profesional. Y allí se quedan.
Otros renuncian porque no quieren quedarse atrapados en esa triste realidad, pero, sin la claridad o guía del caso, repiten el mismo patrón y vuelven a caer en la
trampa de la infelicidad laboral.

Por otra parte, soy testigo de cómo un cambio laboral bien llevado puede ser la oportunidad perfecta para “rebotar” profesionalmente. ¿A qué me refiero? Que a veces, cuanto más fuerte nos tiran al piso -tal cual una pelota de hule- más alto rebotamos después. Y allí es cuando salimos fortalecidos, con ganas de hacer más, dar más, saber más sobre nosotros, nuestros objetivos y pasión, e interpretar adecuadamente la realidad del mercado laboral.

Así, en los miles de nuestros casos de outplacement de los últimos años, la oportunidad de pensar estratégicamente en sus carreras permite que más del 75% se recoloque en un sector diferente del que salió. Muchos toman plena conciencia de la importancia de trabajar en algo que de verdad les apasione, leales a ellos
mismos por primera vez en sus vidas. Es un cambio de mentalidad importante, una apuesta personal por su satisfacción profesional.

Internalizan también otro paradigma: el de la empleabilidad. Comprenden que ser muy empleables nada tiene que ver con el hecho de tener un trabajo, sino con
el nivel de demanda que nuestros servicios profesionales tienen en el mercado laboral. El punto de quiebre es alcanzar la conciencia de estar siempre listos y
preparados para saltar al siguiente trabajo en caso se necesite o requieran hacerlo.

Con total conciencia de que los trabajos duran mientras nos convengan a ambos y que todos los trabajos tienen un comienzo y un final. Por eso me encanta ver la cara de sorpresa que ponen las personas cuando me cuentan felices que aceptaron una buena oferta de trabajo, e inmediatamente les pregunto: ¿Y ya pensaste en tu siguiente trabajo? Y es que muchos aún, aunque no lo reconozcan, sueñan que su trabajo ideal lo será para toda la vida, allí donde pueden estar “ya tranquilos” y quedarse un buen tiempo. Y el hecho de tener que pensar que este trabajo donde encontraron su pasión también puede terminar es un aterrizaje duro para quien está aún de “romance” con su nueva responsabilidad.

No lo hago con ánimo de ser aguafiestas, sino de asegurarme que se consolida el cambio de mentalidad, aquel que evita que caigamos en la complacencia de la falsa
seguridad que un trabajo “estable” nos da. Siempre habrá otro trabajo, siempre nos toca estar mirando a la siguiente oportunidad, sea esta lateral o ascendente.

Siempre atentos a los cambios de tendencias, de competencia y habilidades requeridas por el mercado. Siempre vigentes y relevantes preparándonos para nuestra siguiente posición, nuestro siguiente reto. ¡Y para el que viene después, y después!

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