¿Generosidad en el trabajo?

Publicado el 16 de Abril de 2016 en El Comercio

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Suena extraño, ¿cierto? Y es que si bien la generosidad es quizá una de las virtudes más valiosas que podamos tener, es quizá también una de las virtudes menos valoradas o celebradas en el mundo del trabajo.

La generosidad refleja nuestra nobleza, la esencia de nuestra naturaleza y calidad humana. La generosidad – o la falta de ella – expresa también nuestro nivel de evolución espiritual y sobretodo, la fuerza de nuestro carácter ¿Quizá por eso las personas débiles, inseguras o envidiosas rara vez son generosas?

Pero es importante notar que la generosidad es también una opción, una decisión personal y una actitud que se logra y se desarrolla con la práctica. La generosidad pasa por pensar siempre en el otro y sobretodo, por el respeto con el que tratamos a los demás, en toda circunstancia.

El trabajo nos brinda muchas oportunidades para actuar con generosidad. Ser generoso pasa por ejemplo en dar mucho reconocimiento oportuno y frecuente a nuestros colaboradores, sin las excusas típicas de “no se lo doy más para que no se sobre o me pida aumento”. Por darles la aceptación y la aprobación que tanto necesitamos todos para florecer y sentirnos valorados y apreciados. Por ayudarlos a soñar y a atreverse a tener éxito en sus propios términos. Y por apoyarlos a ver las posibilidades y oportunidades que quizá ellos nunca han visualizado por sí mismos, incluyendo por que no, ayudarlos a encontrar el propósito en sus vidas. También, con darles retro alimentación constructiva – no siempre sólo críticas – para ayudarlos a desarrollar su talento, mejorar sus perfiles y elevar sus niveles de empleabilidad.

Ser generosos pasa también por ayudar a nuestros jefes a ser mejores líderes, comprendiendo que pocos nacen sabiendo liderar…

La generosidad ayuda a reconocer plenamente los méritos ajenos, a compartir los éxitos, los logros, las ideas, los conocimientos, incluso los amigos y los contactos. También a darle a nuestros colaboradores el espacio, el tiempo y la atención total que necesitan para sentirse escuchados y valorados. ¡Eso los inspira y energiza! Ser generoso es también actuar como mentores con los más jóvenes o los más nuevos, ayudándolos a adaptarse y a crecer, estimulando también su ambición y su curiosidad.

La generosidad con los clientes y con los proveedores se expresa a través del respeto y la consideración con que los tratamos en toda circunstancia, cumpliendo siempre nuestros compromisos con ellos, a tiempo y con calidad.

¿Paga ser generoso? Sí, la generosidad impacta muy positivamente todo lo que toca a su alrededor. Pero la mejor recompensa creo que es la satisfacción personal que nos produce en aportar a la calidad de vida de los demás. En el trabajo, la generosidad paga con creces además en indicadores de gestión y resultados de negocio: impacta directamente en la satisfacción, el desarrollo y la retención de los talentos, la eficiencia y la productividad general, pero sobre todo en la felicidad y el compromiso de nuestros colaboradores. ¡Fortalecer nuestra generosidad ciertamente nos trae alegrías en todos los ámbitos de nuestras vidas!



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