¡Huye de los negativos!

Publicado en la Revista Mujeres Batalla  el 13/09/2013 (Sección Lado B, 09-13)

Shawn Achor, fantástico conferencista y profesor de la Universidad de Harvard, ha dedicado su vida a estudiar cómo hacemos los humanos para ser más felices (o no serlo). Sus ponencias son de las mejores que he escuchado en toda mi vida.

Me interesó mucho cuando lo escuché hablar sobre las neuronas espejo, llamadas también neuronas de empatía. Si nos sonríen, sonreímos de vuelta. Si por ejemplo las personas en el bus están impacientes, así nos ponemos nosotros también.

En resumen, todos terminamos copiándonos de otros y haciendo lo mismo sin darnos cuenta. De allí las reflexiones sobre con quién nos juntamos y cuánto la manera como esos otros ven el mundo termina afectando no solo nuestro humor sino también nuestra construcción mental de la realidad y de nosotros mismos. Temas centrales para la felicidad Shawn es muy enfático al sugerir alejarnos de las personas negativas.

El negativo (que típicamente termina ansioso, angustiado o asustado) está cerrado a las posibilidades y alternativas.

Puede concentrarse solo en una tarea ya que su mente está afectada por su negativa construcción interna del mundo exterior que lo rodea.

El negativo tiene su suerte echada. Labra su propia mala suerte, pues obtiene lo que espera. Está programado para recibir lo que pregona, y trata de compartir su anticipo de fracaso con otros para sentirse acompañado. Así, si el fracaso es de muchos, le duele menos y ya no es responsabilidad de sus actitudes sino de las circunstancias.

Los positivos, en cambio, ven las oportunidades. Su cerebro procesa más y ven más de la realidad. Sus creencias impactan su comportamiento (sus pensamientos positivos los condicionan mejor para performar) y lo hacen con más energía. Y Achor lo dice claramente: Cuando eres feliz y positivo, jalas el éxito, ¡no al revés!

Para crearnos estos comportamientos propone entrenar nuestros cerebros. Para ello propone algunas ideas simples pero muy interesantes:

  1. Recordar que tardamos 21 días para formar hábitos (de los buenos y de los malos).
  2.  Enumerar las 50 cosas por la cuales tenemos que agradecerle a la vida y mirar esa lista con frecuencia. Ser agradecido da energía.
  3.  Escribir las cosas buenas que nos pasaron en el día, cada día, así el cerebro revive lo bueno. Revivir los buenos momentos eleva el espíritu (y las buenas vibras), nos hace sentir bien.
  4.  Hacer una cosa buena al día. Por ejemplo, celebrar o reconocer a alguien en el trabajo o la familia. Eso le genera felicidad al otro y contagia de regreso (¿recuerdan las neuronas espejo?).

Todo eso de que la felicidad jala el éxito antes me sonaba muy ajeno y casi esotérico. Esperaba como muchos que el éxito que pudiera llegar a tener me trajera felicidad. Hoy entiendo mejor que sentirme bien, rodeada de gente positiva y buena vibra, impacta decididamente en mi nivel de felicidad y por tanto en mis posibilidades de éxito. Una razón más para que huyamos corriendo de los negativos, ¡que hoy abundan nuevamente en nuestro país!

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