El poder del agradecimiento

Publicado en el diario  El Comercio (Perú), el el 17/03/2015

Mandar un correo agradeciendo, por ejemplo, una reunión de contactos es una costumbre común y corriente en muchas culturas. No en la nuestra. Llamar al día siguiente o mandar un mensaje para agradecer una invitación (a una cena o un almuerzo) es una práctica poco difundida también, incluso entre amigos o familiares. Muy pocos lo hacen. Agradecerlo recibido -más allá de verbalizar un lacónico “gracias”- es en general un gesto poco común en nuestro país.

Siempre me ha intrigado esa poca costumbre que tenemos los peruanos de agradecer, en general. ¿Será que agradeciendo perdemos poder o nos sentimos débiles frente a quien ahora le “debemos” gratitud? ¿Será que no nos gusta eso de “deberle” algo a alguien? ¿Si le agradezco tendré que devolverle el favor? ¿Será que no agradecemos más porque en el fondo sentimos que nos merecemos – o tenemos derecho- al bien o la atención recibida? ¿Será que nos falta generosidad para mostrar respeto o gratitud por alguien que hace algo por nosotros o por el bien común? ¿O será una señal de pura y dura inseguridad?

El hecho es que en muchas otras culturas agradecer es un tema de buenos modales y buena educación, incluso a los niños les enseñan desde el colegio a enviar notas de agradecimiento correctamente escritas. Los peruanos simplemente no tenemos esa buena costumbre de reconocer y agradecer al otro cuando de ellos recibimos atenciones o favores.

Imagine esta situación: usted hace una comida en su casa para sus amigos.

Se esfuerza por hacerles pasar un buen rato y con ilusión comparte con ellos lo que ha preparado para atenderlos. ¡Qué bien se siente cuando al día siguiente lo llaman sus amigos a contarle lo contentos que estuvieron, cómo disfrutaron la cena, el ambiente y la compañía y, sobre todo, cómo aprecian el esfuerzo y el cariño puestos en la invitación y el despliegue! Esa llamada llena el alma, ¿cierto?

Lo mismo en el trabajo. El que recibe las gracias por un trabajo bien hecho se siente valorado y reconocido. Recibe el tan necesario salario emocional especialmente si ese reconocimiento es dado en la medida justa, diferenciada y oportuna. El agradecimiento y el reconocimiento, aunque son tan importantes y necesarios, son muy escasos en el mundo del trabajo. Así, por ejemplo, el 79% de los talentos que renuncian lo hace por falta de reconocimiento (la segunda razón es la falta de oportunidades de crecimiento).

Entonces, ¿qué podríamos agradecer más o mejor? Los favores que pedimos, los consejos que nos brindan, la información que nos dan, el tiempo que nos dedican, las reuniones que solicitamos, las invitaciones que nos hacen, los regalos que nos dan, los gestos de cariño que recibimos. ¿Y cómo los agradecemos apropiadamente? Dependiendo de la situación y de la relación, con una llamada oportuna, con un correo bien puesto denotando aprecio, con una nota escrita a mano cuando es algo más relevante, con un detalle, a veces basta con una sonrisa o con un gesto sincero de simpatía. Pero siempre de manera oportuna, honesta y auténtica. No basta hacerlo para “cumplir” con la formalidad.

Darnos el tiempo de agradecer, valorar y reconocer lo que otros hacen por nosotros -en el trabajo y en la vida personal-es una manera muy clara y positiva de demostrarles nuestro respeto y aprecio. Agradecerles nos hace sentir muy bien a ambos e invariablemente fortalece la relación. ¡Ese es el verdadero poder del agradecimiento!

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