“Si, me dijo, claro que recuerdo que les di mi palabra. ¿Cómo no lo voy a recordar? Sé también que me comprometí a pagar por esos servicios, pero nunca les firme un papel. Y así las cosas, ¿cómo esperas que le explique a mi jefa que voy a autorizar ese pago, si nada lo sustenta? Tú sabes cómo son las cosas, papelito manda. Pero mira, no me mires así con esos ojos de sorprendida, que no es para tanto. Quizá les pueda pagar algo, pero no esperen mucho que mi jefa me va a matar.”
Un ejecutivo nos contaba que su padre era un hombre amable, trabajador y muy dedicado a su familia, siempre esforzándose por pasar tiempo con su esposa y sus hijos. Claro, un par de veces al año se emborrachaba y terminaba golpeándolos a todos, pero los restantes 363 días del año se comportaba como un padre modelo.
Imagínese que deben operar a un familiar suyo. Naturalmente, querrá al mejor cirujano para la intervención. Peguntará a médicos y amigos por las referencias del más reputado, y si son óptimas, confiará la vida de su familiar en las manos de alguien que hasta hace muy poco le era un total desconocido!